Una pequeña pieza de la narración corta “Mi vida” de Anton Chejov, medico y escritor ruso ensalzado a la par de Dostoievski y Tolstoi. En éstas líneas, escritas en los albores del siglo 20, se relata un diálogo entre un aristócrata renegado y un médico militar. En él podemos, a mi parecer, entender esbozos del socialismo tal y como permeó en la sociedad rusa. Es un comunismo-socialismo sencillo y pueblerino quizá. Despojado de grandes aventuras ideológicas. Los dejo con esta cita:
Nos enzarzamos en la conversación y cuando hablamos del trabajo físico, expuse la siguiente idea: es necesario que los fuertes no esclavicen a los débiles, que la minoría no sea para la mayoría un parásito o una bomba que chupe a los demás, crónicamente, los mejores jugos; es decir, hace falta que todos sin excepción, fuertes y débiles, ricos y pobres, participemos por igual en la lucha por la existencia de modo que cada uno gane su sustento; para ello no hay mejor recurso nivelador que el trabajo físico como carga general, obligatoria para todos.
-¿Así pues, a su juicio, todo el mundo, sin excepción, debería efectuar algún trabajo físico? –preguntó el doctor.
-Sí.
-¿Y no le parece que si todos, incluidos los mejores hombres, pensadores y grandes sabios, al participar en la lucha por la existencia cada uno para sí, empezaran a perder el tiempo picando piedra y pintando tejados, esto podría convertirse en una seria amenaza para el progreso?
-¿Pero dónde esta la amenaza? –pregunté-. La verdad es que el progreso estriba en los actos de amor, en el cumplimiento de la ley moral. Si no se esclaviza a nadie, si no se es una carga para nadie, ¿qué otro progreso necesita usted?
-Pero, ¡permítame! –prorrumpió de súbito Blágovo levantándose- ¡Permítame! Si el caracol, en su concha, se ocupa de su autoperfeccionamiento y se pasa el tiempo dando vueltas a la ley moral, ¿llamará usted a eso progreso?
-¿Por qué dando vueltas? –repliqué, picado-. Si usted no obliga a su prójimo a que le alimente, le vista, le lleve de un sitio a otro y le defienda contra los enemigos, ¿no será esto un progreso respecto a un estado de cosas basado en la esclavitud? A mi modo de ver, este es un prgreso más autentico y, sin duda, el único posible y necesario para el hombre.
“Los límites del progreso humano y del mundo se encuentran en lo infinito, y hablar de un –posible- progreso limitado por nuestras necesidades o por nuestras concepciones temporales, hasta resulta extraño, y perdone la expresión.
(…)
Nos pusimos a hablar del progreso paulativo. Yo sostuve que la cuestión de hacer el bien o el mal, la resuelve cada uno por si mismo, sin esperar a que la humanidad llegue a la solución del problema por medio de un desarrollo gradual. Además la evolución paulatina es un arma de dos filos. Junto al proceso de desarrollo gradual de las ideas humanas, se observa un aumento continuo de ideas de otro género. El régimen de servidumbre ya no existe, pero florece el capitalismo. Y en el momento mismo de pujanza de las ideas de liberación, exactamente igual que en tiempos de Batí, la mayoría alimenta, viste y defiende a la minoría, quedándose aquella hambrienta, desnuda e indefensa. Semejante estado de cosas se ajusta magníficamente a las influencias y corrientes que se quiera, pues el arte de esclavizar se cultiva, asimismo, de manera gradual. Ya no azotamos en la cuadra a nuestros lacayos, pero revestimos la esclavitud de formas refinadas, por lo menos sabemos encontrar para ella justificación en cada caso concreto. Las ideas son las ideas, pero si ahora, a finales del siglo diecinueve, fuera posible cargar a espaldas de nuestros trabajadores aún nuestras funciones fisiológicas más desagradables, lo haríamos, y luego, naturalmente, argumentaríamos en justificación nuestra diciendo que si los mejores hombres, los pensadores y los grandes sabios comenzaran a perder su precioso tiempo en esas funciones, el progreso podría verse amenazado por un serio peligro.
Por Luis Fernando Cortázar Benítez
Los que nos quedamos en Omelas.
Hace 6 meses

